Barrio Contreras


Diríase un barrio particularmente sensible a las consignas de los poderosos. Un sitio en el que los sueños de los Marx y los Bakunin quedaron atrapados en el remolino de envases y basura que tapona el zanjón y baña sus calles, pero no sus acequias. Un lugar en el que Historia y Conciencia de clase, de Lukács, podría leerse como un episodio fantástico de Las mil y una noches.

A poco de ingresar en él por la calle principal, se puede comprobar su vocación magnificente observando el cartel que, sobre el tallercito del garaje repleto de motos a medio desarmar, te recibe con un: Hello Moto! Un poco más allá, otro portón que funge de parripollo, pregona en un expositor pintado a mano: ¡Sumate al desafío del pollo parrillero! Unos pasos más y, sobre el vidrio de una ventana de una casa particular: Claudia, tu boutique!

Mención especial merece esta pieza: "Hay cosas que el dinero no puede comprar. Para todo lo demás está El Gordo, quiniela”

Hasta la capillita del barrio se suma al usufructo del eslogan ajeno. Un cartel reza: Acércate a Jesús. No te abandona.

Pero el que se lleva los laureles de la inventiva popular es el gimnasio —un par de máquinas y muchas pesas y colchonetas por el suelo—. La marquesina muestra la silueta de perfil de un señor obeso que mira hacia abajo y, al lado, el mismo señor, en la misma postura —ahora con una sonrisa— y ya sin panza. Abajo dice: ¡Qué lindo cuando la ves!

Aquí abundan las Suzanne, los Alan y las Melody, aunque no faltan los contrapuntos. También se puede escanear un QR que no te envía a una página web sino que te sugiere: ¡Ándate a la chucha!

Alguien —o tal vez un grupo— ha querido acentuar este descalabro linguístico-geográfico, con intención irónica o no, pintando a la entrada del barrio “Contreras Quarter” y sobre los pocos carteles que identifican las calles: Olguín Road, Pringles Street, San Juan Avenue.

Solo al final, ya casi sobre el descampado, un par de signos, no carentes de equívocos, pero de otra índole, me devuelven un poco a casa: las banderas rojas del Gauchito Gil y un Viva Perón descolorido.

Esperanza de trombonista la de perforar el universo.

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