Cierto profesor

Había un profesor que cuando le preguntaban sobre el rumbo del mundo, decía:

_Bucovina esta llena de bucovinos, pero Besarabia está llena de besarabos.

La gente quedaba alelada por lo elemental de la respuesta, pero un discípulo suyo, que lo conocía bien, reía entre dientes. Alguien que había observado repetidas veces la escena, le preguntó una vez:

_¿Qué es lo que te causa gracia? Ya me has dicho que el profesor no es ningún tonto. ¿Por qué te sonríes entonces?
_Obviamente que si dejamos tal cual la respuesta del profesor, parece una simple obviedad. Pero su intención no es sorprender con una respuesta estúpida. Su intención es que la primera impresión sea superada y su puerilidad aparente incite a revelar su sentido. Pensarla, pues.
_¿Pensarla en qué términos?
_Por ejemplo, en si los besarabos reciben su nombre del hecho de vivir en Besarabia o es al revés y Besarabia se llama Besarabia porque hay en ella muchos besarabos. Eso puede ser un comienzo.
_¿Y cuál es la respuesta?
_Eso es lo que debes pensar y no preguntármelo a mí. Es pues la primer lección: debes pensar.
_Supongamos que ya pensé y no doy con la respuesta.
_Supongamos. Lo que está diciendo el profesor es que aun hoy —a pesar de la globalización compulsiva— podemos advertir que existe una relación entre el hombre y la tierra en que vive. No se trata de una cuestión de nombres sino de sentido. ¿Qué le otorga sentido a la frase “Pedro es español”? Una historia, una cultura, una relación con su ambiente. No una sangre, salvo que “sangre” sea una metáfora para referirse a esa historia y esa cultura. Pero no si lo que pretende designar es aquella cuestión de la “raza”, es decir, de una superioridad biológica en la senda del darvinismo.
_¿Todo eso dice el profesor?
_Todas esas cosas puede descubrir Ud. si acepta el incentivo de pensar.
_U otras diferentes.
_Por supuesto, u otras diferentes. Pero entonces está Ud. ya en el camino del pensar y, en la medida en que no lo abandone, lo llevará inevitablemente hacia lo originario de esas cuestiones e, idealmente, del pensar mismo. Un día se preguntará qué significa pensar.
_Casi nadie está dispuesto a pensar.
_Es cierto. ¿Por qué? ¿Por qué casi nadie está dispuesto a pensar?
_No lo sé.
_Permítame derivar la respuesta —mi respuesta— de lo que venimos diciendo.

»Hemos hablado de pueblos y naciones, ¿no es cierto? Bucovina y Besarabia son regiones en las que antiguamente vivían sus respectivos pueblos. Ello ya no es tan así. Bucovina, por ejemplo, está hoy día dividida entre dos países: Rumania y Ucrania. España, que sí es una nación, en el sentido moderno, está compuesta por muchas regiones y sus respectivos pueblos: Andalucía, Castilla, Galicia, Euskadi, Cataluña, etc.

»En relación con una nación moderna —las naciones modernas surgieron en los siglos XV y XVI— que es una construcción en cierto modo artificial, una región histórica se muestra como más natural, más espontáneamente conformada a través de los siglos. Es resultado de un desarrollo más cultural que estrictamente político. Por supuesto, no es que los acontecimientos políticos hayan estado ausentes de su historia, pero más que con ellos su existencia tiene que ver con las costumbres, la lengua, etc.

»En cada una de estas regiones, en cada una de estas partes del planeta, vivía la gente que había nacido en ellos. Nación, la palabra nación, pertenece a la misma familia de palabras que nacer. Eso es lo que expresa.

»Cada pueblo cuida pues un territorio. Lo conoce. Lo entiende. Sabe qué significa el viento de agosto, si traerá lluvias o no; cómo administrar los bosques, cuándo es el tiempo del tomate o el camote, cuándo es la parición de las hembras, etc. También cada pueblo se ha dado su propia organización, ha distribuido sus derechos y deberes. Tal vez mejor o peor, según se mire desde afuera o, incluso, desde adentro.

»Este es el modo en que se formó el mundo y puede que tenga algo de nacionalista, aunque es un nacionalismo bastante diferente del nacionalismo moderno. Es más bien, si se fija, un federalismo de corte anarquista. Responde, al menos en parte, a una lógica que es similar a la que sostiene el anarquismo como criterio general de organización siguiendo las prácticas características de convivencia humana.

»Pero la Modernidad arrasó con ese mundo y hoy sufrimos las consecuencias. De haber continuado el mundo tal cual era, hoy no tendríamos calentamiento global, no tendríamos pandemias globales ni hubieran habido guerras mundiales ni la debacle nuclear proyectaría su sombra sobre el mañana.

»Sí lo que me está por decir es que si el mundo hubiera continuado tal cual, no hubiera habido progreso, yo le contesto: guárdese su progreso y devuélvame el mundo tal cual o, al menos, aproximadamente como era.

»La Modernidad transformó la naturaleza en objeto de cálculo. Transformó al mundo en objeto de cálculo. Transformó al hombre en objeto de cálculo. La monumentalidad de los desastres actuales se corresponde con la monumentalidad del proyecto Moderno. No habrían aquellos sin esta.

»Monumentalidad es uniformidad en la decisión. Un sólo método: la técnica. Una sola directriz: la ciencia. Un solo mundo: el del capital.

»La globalización, pues, es un derivado inevitable de este proyecto que aplasta países, regiones, culturas, saberes en pos del mismo único objetivo. Uniformidad total. Frente a ella, frente al gobierno mundial —gobierno mundial de hecho—, cualquier nación, cualquier resistencia nacional es progresiva porque guarda la relación de un pueblo con su propio mundo y guardará seguramente mejor ese mundo que el gobierno mundial.

»En la frase: “Bucovina esta llena de bucovinos, pero Besarabia está llena de besarabos”, hay, pues, muchas más cuestiones que lo aparentemente obvio. Por supuesto, si se quiere penetrar en ellas.

_Muy bien, pero no me ha dicho Ud. por qué la gente no quiere pensar.
_A eso iba.

»Cuando Ud. introduce un producto —y esto ha sucedido muchas veces a la fuerza, mediante agresiones armadas que han “abierto mercados” a la “libertad de comercio”— no solo esta vendiendo una utilidad, no solo está obteniendo una ganancia, no solo está impidiendo que ella se fabrique en ese lugar: está introduciendo una cultura, está exportando su modo de entender el mundo.

»La popularización del tenedor, por ejemplo. Un simple tenedor presupone muchas cosas más.

»Un tenedor tiene sentido si en la otra mano se tiene un cuchillo y ambos actúan sobre un plato. Ese plato tiene que estar sobre algo, no es cómodo que esté en el suelo porque Ud. tendría que agacharse demasiado. Podría estar sobre sus piernas si Ud. está sentado, pero entonces es necesario que esté sentado. Dado que es necesaria una superficie sobre la que apoyar el plato y es preferible estar sentado, terminará Ud., a partir del uso del tenedor, teniendo una mesa y una silla. También destinará Ud., a la larga, un sitio para esa mesa, sea la cocina o el moderno “comedor”. Ud. ya agregó a su existencia, a partir del tenedor: un plato, una mesa, una silla y, ahora, un lugar de la casa destinado a comer.

Una casa con lugares preasignados para cada actividad es la continuación lógica de este proceso. Una casa que deberá sostener mediante un sueldo y, tal vez, también el de su pareja. Cuchillos han tenido todas las comunidades históricas, pero no tenedores.

»El tenedor supone el capitalismo. Y no estoy queriendo decir con esto, obviamente, que el tenedor produjo el capitalismo. Es solo un ejemplo que debe contrastarse con otras formas de vida, idealmente premodernas, para que sea productivo: con otras formas de obtener el alimento, con otras formas de alimentarse, con otras disposiciones del espacio hogareño y también, claro, del espacio social, otras formas de organizar lo social, etc., etc.

»Continuando con el ejemplo, la imagen de esa familia moderna se completa idealmente con uno o dos automóviles, no solo para su desplazamiento sino también para el de los niños, que van a una escuela porque Ud. no tiene tiempo de educarlos porque sencillamente no tiene tiempo alguno si tiene que ir a trabajar. Y todo se debe hacer más rápido para poder coordinar esas obligaciones y por eso la licuadora y el lavarropas y la aspiradora y el secador de pelo. Y todo es tan agotador que, por suerte, están el televisor, la computadora y los celulares para despejarse un poco.

»Y también por suerte todo viene ya premasticado, preinterpretado, y las publicidades incluso, más allá de la divulgación científica, los noticieros y muchos documentales, los programas de tertulia y los reality y lo cultural en general —además de la vida de la gente exitosa— nos dicen cómo vivir, qué comprar, qué creer, qué se debe pensar.

»Por eso no se piensa.

»En realidad, lo que nos vendió la Modernidad, ante todo, fue una idea: que el hombre es más importante que el mundo. Ud. dirá: eso es una sandez. Cualquiera puede darse cuenta de que el mundo puede continuar sin el hombre, pero no el hombre sin el mundo.

»Es cierto. Sin embargo, un reputado “hombre rebelde”, dijo una vez: “el hombre es el ser supremo para el hombre”, lo que en la práctica es lo mismo porque no puede vivir Ud. sin los otros seres, los animales y las plantas, y sin todo lo que nos rodea.

_¿Se refiere Ud. a Marx?
_Exactamente.
_Pero Marx se refería al hombre ante Dios. La frase, que pertenece a la Crítica de la filosofía del derecho de Hegel, dice: “La crítica de la religión desemboca en la doctrina de que el hombre es el ser supremo para el hombre…”. Es una crítica a la religión.
_Pero que sea una crítica a la religión no cambia el fondo del asunto. Para el hombre, para los pueblos originarios, por ejemplo, Dios es, en última instancia, la naturaleza, lo que nos trajo aquí, lo que gobierna el mundo según leyes que mayormente desconocemos.

»Yo coincido con Marx en la crítica a la religión como institución, pero no puede Ud. mezclar allí la espiritualidad de la gente, porque eso que llamamos espiritualidad es el registro del Ser en la vida de un pueblo. Y él lo hacía no por un simple descuido sino porque estaba comprometido con la Modernidad, con su plan, con su objetivo. Fue un gran admirador de la burguesía. Su crítica fue contra un cierto modo de transitar la Modernidad, no contra la Modernidad en sí misma. Era, pues, un reformista.

»La temperatura que hoy hace invivible la existencia en muchas regiones del planeta es resultado de que el ser ya no sea nada para el hombre. Es resultado de que “el hombre sea el ser supremo para el hombre”. A ese hombre ensoberbecido, capaz de acertar en muchos detalles, se le escapa lo esencial.

CC BY-NC-ND 4.0

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