Defunciones


La página principal de la Wikipedia en español del 15 de junio de 2021, ofrecía la siguiente lista de

Fallecimientos

• 14 de junio: Tuono Pettinato, historietista italiano (44)
• 14 de junio: Markis Kido, badmintonista indonesio (36)
• 14 de junio: Manuel Clavero Arévalo, político y catedrático español (94)
• 13 de junio: John Gabriel, actor estadounidense (90)
• 13 de junio: Nikita Mandryka, historietista francés (80; en la imagen inferior)
• 13 de junio: Toeti Heraty, poetisa y profesora indonesia (87)
• 13 de junio: Ned Beatty, actor estadounidense (83)
• 13 de junio: Ferran Freixa, fotógrafo español (71)
• 12 de junio: Dennis Berry, cineasta francoestadounidense (76)
• 12 de junio: Jesús Martín-Barbero, sociólogo hispanocolombiano (83)
• 12 de junio: Ariel Barría Alvarado, profesor, escritor y gestor cultural panameño (62)
• 12 de junio: Ígor Zhelezovski, patinador de velocidad bielorruso (57)

No pude recorrerla sin reírme un poco. No de que yo esté vivo y ellos muertos. No. Sé que dentro de poco voy a ser un muerto como ellos y no voy a tener un lugar allí. Pero me causó gracia, a más de otros detalles, que no conociera a ninguno.

Tuono Pettinato, historietista italiano. Lamentable que haya muerto tan joven.
Markis Kido, badmintonista indonesio. Más lamentable aun. Y no puedo, sin embargo, dejar de preguntarme a quién le importa —y está claro que seguramente hay mucha gente que le importa, sobre todo a sus parientes y amigos, con quienes me disculpo— la muerte de un “badmintonista”. Importa, claro, que murió Markis, fuera lechero o, tal vez, juez.
Manuel Clavero Arévalo, político y catedrático español. Mucho gusto. Está claro que vivió usted lo suficiente.
John Gabriel, actor estadounidense. También ha retozado usted bastante por el mundo.

Ígor Zhelezovski, patinador de velocidad bielorruso. ¿Qué es un patinador de velocidad?

Aunque, como digo, me causa cierta gracia, no es porque yo esté vivo y ellos muertos.

No. Lo que pienso es lo siguiente:

Si yo fuera un San o un Nuba o, acaso, un Mapuche —pero un mapuche desconectado del mundo que lo rodea, cosa que, seguramente, no muchos mapuches pueden lograr— semejante lista me sería no doble o triplemente sino infinitamente ajena.

En primer lugar —y esto es, creo, lo más interesante— el índice de tales defunciones —con todo lo de absurdo que tiene un índice de defunciones— solo me podría haber llegado navegando a través del mar de la escritura. Quiero decir: si yo estuviera, de un modo u otro, en las costas de ese mar. Quiero decir, nuevamente: si yo fuera alguien “letrado”, capaz de diferenciar primero y, luego, agrupar todos esos signos en un morfema coherente.

Bravo. Supongamos que he podido superar esa etapa. Luego, mientras pronuncio mental o vocalmente esos fonemas, deberían ellos cubrirse de un significado. Posteriormente, debería ubicar dicho significado en un contexto, un contexto —digamos— lato, en una simple sintaxis de una lengua determinada. Luego aun debería contextualizarlos en una cultura, un mundo, que para mí no sería otra cosa que las costumbres de otra tribu.

Finalmente —pero no finalmente, sino después de muchas otras conversiones, en las que debería explicarme, entre otros muchos, temas como la moda, la fama y las comunicaciones— llegaría tal vez a la faz de una pantalla que, solo por algunos días, mantendrá tales impresiones sobre un fondo blanco. Muchas cosas quedarían en el tintero. Por mencionar solo algunas: la historia planetaria, la globalización, la importancia del dinero, internet, Wikipedia, la diferencia de tensión y el flujo de los electrones.

Aunque ignorara completamente la geografía, podría cuestionarme: italianos, indonesios, españoles, estadounidenses, franceses, panameños y bielorrusos, ¿por qué tantas y diferentes tribus se comunican tales novedades? Y ¿cuál de estas tribus —o, tal vez, alguna otra— es la encargada de instalarlo en esa pantalla? ¿Es su lenguaje el traductor universal de todos los demás? ¿Ella no tiene intereses particulares y, por lo tanto, no es una tribu? ¿O ese es, precisamente, su interés particular? Y suponiendo el extraño caso de que existiera un lenguaje universal, ¿quién lo interpreta?

Pero todavía me preguntaría: ¿Son estas personas parientes o amigos del que en la pantalla lee su deceso? ¿Son, al menos, parientes o amigos entre sí, a pesar de parecer tan distintos? ¿Por qué alguien anunciaría el fallecimiento de otro en un rincón alejado del planeta? ¿Es la muerte en ese mundo una cosa excepcional? ¿Acaso los hombres de esas sociedades no conocen la muerte y por eso, si a pesar de todo alguien muere, constituye algo que merece ser comentado? Y, si no es así, ¿qué es lo que sucede?

Vanidad del hombre blanco.

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