Castoriadis, Cornelius
del libro Los dominios del hombre
Advertencia
Este texto resume y articula los resultados de más de treinta años (19441977) de reflexión y de trabajo sobre la "cuestión rusa", sus interminables implicaciones teóricas, sus incalculables repercusiones reales. Poco después de su redacción, la invasión rusa a Afganistán me llevaba a reanudar, prolongar y completar estos análisis; eso es lo que hice con el artículo "Devant la guerre" (Libre, nº 8, mayo de 1980), luego con el libro del mismo título cuyo primer volumen fue publicado en mayo de 1981 (Fayard) y del cual espero publicar próximamente el segundo volumen.
La publicación de Devant la guerre tuvo diversos resultados objetivamente extraños, entre los cuales uno completamente previsible para mí: los "pacifistas" de diferentes especies me acusaron de sostener el rearme occidental y de aumentar arbitrariamente las cantidades de armamentos rusos (y en esto, según la costumbre de estos señores, fueron más papistas que el papa, puesto que los rusos nunca rechazaron esas cifras cuando se trató la cuestión de la reducción de armamentos: las cifras establecían la "paridad nuclear" que los rusos habían alcanzado ya entre 1970 y 1975); otro resultado menos previsible fue el siguiente: la gente se puso a hablar (y a escribir) de mi "teoría sobre la estratocracia rusa" como si yo sólo hubiera escrito sobre Rusia en Devant la guerre, o bien, en la mejor de las hipótesis, como si los nuevos análisis de este libro significaran el abandono de mis análisis anteriores o supusieran su caducidad. Es esa una curiosa manera de leer. Devant la guerre se apoya explícitamente en mis anteriores escritos sobre el capitalismo burocrático total y totalitario, escritos que son citados en muchas ocasiones y cuyos resultados se utilizan en el libro. Sin esos resultados, que son siempre válidos, el análisis de la sociedad rusa como estratocracia pierde sus fundamentos sociales y también históricos. El problema que me hube de plantear -y el lector se convencerá fácilmente de ello al leer en este volumen "El destino del totalitarismo"- fue el de dar cuenta de la evolución del régimen, de su dinámica propia a partir del momento en que fracasó el intento de autorreforma de la burocracia (Kruschev, 1964) y se dio definitivamente libre curso al proceso de necrosis del partido y de su ideología. A ese problema -a la circunstancia de que por mil razones la evolución de Rusia es sumamente singular- no puede responderse salmodiando de la mañana a la noche "totalitarismo, totalitarismo" o "ideocracia, ideocracia", ¿Ideocracia en 1921 y en 1985? ¿Totalitarismo en la Rusia de Stalin y en la Hungría de Kadar? La incapacidad permanente de pensar lo que es histórico se traduce en la impotencia que consiste en no hacer otra cosa que aplicar una y la misma abstracción a realidades que cambian continuamente desde hace setenta años y que incumben a sociedades tan diferentes al comienzo como Etiopía y Alemania del Este, Checoslovaquia y Vietnam, Cuba, China y la misma Rusia. Y como esta abstracción se hace cada día más abstracta, si es lícito decirlo así, el resultado es el de que se pierde de vista lo que hace la verdadera unidad de Rusia desde 1917 o el verdadero parentesco de los regímenes comunistas, cualquiera que sea la región en que esté injertado el régimen.
Noviembre de 1985
1. Que la sociedad rusa es una sociedad dividida, sometida al dominio de un grupo social particular, en la cual reinan la explotación y la opresión, es una crasa evidencia atendiendo a los hechos más elementales y más conocidos. La presentación del régimen ruso como "socialista' o como "estado obrero" (con la complicidad prácticamente universal de la izquierda y de la derecha) o hasta discutir simplemente su naturaleza con referencia al socialismo, para saber en qué puntos y en qué medida ese régimen se apartaría del socialismo, representa una de las más notables empresas de superchería conocidas en la historia. El persistente éxito de esta empresa plantea por cierto una cuestión de primera magnitud sobre la función y la importancia de la ideología en el mundo contemporáneo.
I
2. La sociedad rusa, así como las sociedades de Europa Oriental, de China, etc., es una sociedad dividida asimétricamente y antagónicamente; para decirlo en la terminología tradicional, es una "sociedad de clase". Está sometida al dominio de un grupo social particular, la burocracia, cuyo núcleo activo es la burocracia política del partido comunista de la URSS. Este dominio se concreta como explotación económica, como opresión política, como avasallamiento mental de la población por la burocracia y en beneficio de ésta. Así y todo la burocracia no ejerce -como ocurre con cualquier otra clase dominante en toda sociedad- un dominio absoluto sobre la sociedad, pues debe afrontar el conflicto que la opone a la población, conflicto cuyas manifestaciones sofoca el régimen totalitario sin poder suprimirlas. Esa burocracia está sujeta a las antinomias e irracionalidades propias del régimen burocrático moderno. Por fin, la burocracia misma está dominada por su sistema, por la institución de la sociedad de la que es correlativa y por las significaciones imaginarias sociales de que esa institución es portadora. La sociedad rusa es también ella una sociedad alienada o heterónoma en la que todas las clases están sumidas en la confusión.
3. En Rusia, las relaciones de producción son relaciones antagónicas que dividen y oponen a dirigentes y a ejecutantes. Tales relaciones implican la explotación a los productores (obreros, campesinos, trabajadores que atienden los 11 servicios") y su sometimiento a un proceso de trabajo y de producción que escapa enteramente al control de los trabajadores. La "nacionalización" (estatización) de los medios de producción y la "planificación" burocrática no entrañan en modo alguno la abolición de la explotación y nada tienen que ver con el socialismo. La supresión de la propiedad privada deja enteramente abierta la interrogación: ¿quién dispone efectivamente, en adelante, de los medios de producción y de la producción misma? En Rusia (lo mismo que en los países de la Europa Oriental, en China, etc.) es la burocracia (de las empresas, de la economía, del estado y sobre todo del partido comunista de la Unión Soviética) la que dispone (verfügt) colectivamente de los medios de producción, del tiempo de la población trabajadora, de los resultados de la producción. Bajo la cobertura de la forma jurídica de "propiedad nacionalizada" (estatal) la burocracia tiene el jus fruendi, utendi et abutendi. La estatización y la "planificación" burocrática son los medios adecuados y necesarios de esta disposición. La burocracia dispone de los medios de producción y de la producción en todo momento. En realidad, "hace lo que quiere" físicamente y económicamente, lo mismo que un capitalista hace lo que quiere de su capital, o aun más que el capitalista. Pero, sobre todo, la burocracia dispone "dinámicamente". Decide sobre los medios por los cuales se extrae un excedente a la población trabajadora. Decide sobre la tasa de ese excedente y sobre su destino (sobre su repartición entre el consumo burocrático y la acumulación, así como sobre la orientación de esa acumulación). Hoy el "capital' ruso no es en su esencia otra cosa que el excedente acumulado de la explotación del pueblo ruso desde hace sesenta años y, en su forma física, es el resultado sedimentado de las decisiones de la burocracia y del funcionamiento de su sistema durante ese mismo período [1946, 1947a, 1947b, 1949a, 1949b, 1949c, 1957a, 1958b, 1960a].
4. Esta naturaleza de las relaciones de producción y del régimen social está inscripta en la materialidad de los medios de producción, naturaleza que éstos exhiben. Como instrumentos de trabajo-por la forma y el contenido que imprimen al proceso del trabajo-, dichos medios apuntan a asegurar el sometimiento de los productores al proceso del trabajo, a la vez por la naturaleza del trabajo que ellos imponen y por el tipo de organización del trabajo y de la empresa que ellos entrañan. Como instrumentos de producción -por la naturaleza de los productos que están destinados a fabricar, esos medios representan la orientación dada a la vida social por la burocracia, representan sus finalidades específicas, los valores y las significaciones a los que la burocracia misma está sometida. La producción de armamentos, de bienes de consumo destinados a la burocracia, el tipo y la naturaleza de los objetos de consumo popular y sobre todo la producción de máquinas destinada a reproducir el mismo tipo de producción y las mismas relaciones de trabajo y de producción ilustran ampliamente hasta qué punto la naturaleza del régimen social corresponde a los "medios" productivos que el régimen desarrolla. La total identidad de estos medios con los medios inventados y desarrollados por el capitalismo occidental atestigua el profundo parentesco de los dos regímenes. Esa identidad crea también problemas idénticos en el plano político. Una revolución social en Rusia, lejos de poder heredar sencillamente un "desarrollo de las fuerzas productivas" y una tecnología supuestamente neutra que hay que poner al servicio del socialismo, tendrá que habérselas con la base material y técnica de la producción y tendrá que transformarla tanto como en los países occidentales [1957c].
5. Desde hace sesenta años, la situación y la suerte efectiva del trabajador ruso en la producción son esencialmente idénticas a lo que fueron siempre en el capitalismo. El escamoteo de este hecho que hacen casi todas las corrientes "marxistas", incluso las de oposición (por ejemplo trotskistas), defensoras autoproclamadas de la clase obrera, es revelador en alto grado. El avasallamiento de los trabajadores en el trabajo no es una "deficiencia" secundaria o importante del sistema, ni simplemente un rasgo inhumano que hay que deplorar. En ese sometimiento se denuncia, tanto en el plano más concreto como en el plano filosófico, la esencia del régimen ruso que es un régimen de alienación. Considerando estrictamente el proceso de trabajo y de producción, la clase obrera rusa está sometida a la relación de "salariado" lo mismo que cualquier otra clase obrera del mundo. Los obreros no disponen ni de los medios, ni del producto de su trabajo, ni de su propia actividad de trabajadores. "Venden" su tiempo, sus fuerzas vitales, su vida a la burocracia que dispone de todo eso según sus propios intereses. El esfuerzo constante de la burocracia está destinado a aumentar lo más posible el rendimiento del trabajo y comprimir lo más posible las remuneraciones, y lo hace valiéndose de los mismos métodos utilizados en Occidente. La división de las tareas cada vez más acentuada, la definición de las tareas, con miras a hacer el trabajo cada vez más controlable y más impersonal y a hacer al trabajador cada vez más intercambiable, el control de las acciones del trabajador, el trabajo a destajo y según el rendimiento, la "cuantificación" de todos los aspectos del trabajo y de la personalidad misma del trabajador están determinados tanto allá como aquí por una tecnología que, lejos de expresar una "racionalidad" neutra, está destinada a someter al trabajador a un ritmo de producción independiente de él mismo, a quebrar los grupos informales que se constituyen entre los trabajadores, a despojar el trabajo vivo de toda autonomía y a transferir la dirección de la actividad, por minúscula que ésta sea, a los conjuntos mecánicos, por un lado, y al aparato burocrático que dirige la empresa, por otro lado [1958a].
6. Este análisis (que sería en realidad un verdadero análisis marxista) es sin embargo incompleto e insuficiente, pues es abstracto. Al considerar la producción en sí misma, al separarla del conjunto de la vida social y de la organización social, dicho análisis culminaría asimilando pura y simplemente la situación del obrero ruso y la situación del obrero occidental. Pero la suerte que le está reservada al obrero ruso y a la población en general, fuera de la producción, no es un rasgo adicional, sino que es un componente esencial de la situación. Privada de derechos políticos, cívicos y sindicales, afiliada forzosamente a "sindicatos" que son simples apéndices del estado, del partido y de la KGB, sometida a un control policial permanente, expuesta a las denuncias de los soplones en los lugares de trabajo y fuera de ellos, sometida al régimen de los pasaportes internos y de las libretas de trabajo, constantemente hostigada por la voz omnipresente de una propaganda oficial mentirosa, la clase obrera rusa está sometida a un régimen de opresión y de control totalitarios, de expropiación mental y psíquica, régimen que supera muy netamente los modelos fascista y nazi y que sólo registró algunos perfeccionamientos suplementarios en la China maoísta. Es una situación sin paralelo en los países capitalistas "clásicos", donde muy temprano la clase obrera pudo obtener derechos cívicos, políticos y sindicales y repudiar explícita y abiertamente el orden social existente, mientras al mismo tiempo ejercía constantemente una presión decisiva sobre la evolución del sistema, presión que en definitiva vino a ser el principal factor para limitar la irracionalidad de éste [1953a, 1959,1960b, 1973,19741. La diferencia es capital, incluso desde el punto de vista estrecho y abstracto de la producción y de la economía. En el régimen capitalista clásico, la clase obrera negocia explícitamente el nivel de los salarios nominales y otros elementos del contrato de trabajo que son aun más importantes (duración diaria, semanal, anual y vital del trabajo, condiciones de trabajo, etc.). Verdad es que el contrato de trabajo constituye una forma jurídica, pero no es una forma vacía, porque la clase obrera puede luchar y lucha explícitamente para lograr su modificación. Sin una clase de trabajadores "libres", en los dos sentidos del término, tal vez habría surgido un "capitalismo esclavizante, un «capitalismo de vasallaje, no el capitalismo como efectivamente existió. En virtud de esas luchas y de esa libertad (que es estúpido llamar sencillamente "formal"), la clase obrera pudo desde hace ciento setenta y cinco años reducir la duración del trabajo, impedir el aumento de la tasa de explotación, limitar la desocupación, etc. Pero en Rusia la supresión de toda libertad y la imposibilidad de cualquier lucha abierta hacen precisamente que el "contrato de trabajo" se convierta en una forma vacía y que no se pueda hablar en este caso de "salariado", salvo en un sentido formal. La consecuencia de ello no es sólo una explotación del trabajo mucho más pesada que en otras partes. La supresión de toda posibilidad para la clase obrera y para la población en general de ejercer abiertamente una presión sobre los hechos deja libre curso al despliegue de la irracionalidad burocrática y culmina en el monstruoso despilfarro de trabajo humano y de recursos productivos que caracteriza la economía rusa (sin hablar de Gulag, que entraña problemas que trascienden de lejos estas consideraciones).
7. Y así llama tanto más la atención comprobar que la opresión totalitaria resulta incapaz de ahogar la lucha implícita y permanente de los obreros (y de los campesinos) contra el sistema en la producción. En el régimen ruso, lo mismo que en Occidente, el punto de partida y el objeto primero de esta lucha son el nivel de las tasas efectivas de remuneración/rendimiento (relación entre el salario recibido y el trabajo efectivamente realizado). Pero en los dos casos, lejos de ser simplemente "económica", esta lucha traduce la resistencia de los trabajadores a la opresión y a la alienación a las cuales tienden a someterlos las relaciones de producción establecidas. En Rusia, esa lucha se expresa de manera particularmente aguda en la crisis permanente de la productividad cualitativa y cuantitativa, en el ausentismo, en las crónicas superaciones del "plan de salarios" de las empresas, etc. [1949b, 1949c, 1956b, 1957c, 1958a, 1960b].
8. La condición última de esta lucha es la contradicción fundamental del capitalismo burocrático. En la producción, como en todas las esferas de la vida social, el régimen apunta a excluir a los individuos y a los grupos de la dirección de sus actividades y a transferir esta dirección a un aparato burocrático. Como es exterior a esas actividades y encuentra la oposición de los ejecutantes, el aparato las más de las veces es incapaz de dirigirlas o de controlarlas y ni siquiera sabe realmente lo que ocurre. Se ve pues constantemente obligado a apelar a la participación de esos mismos ejecutantes que quería excluir, apelar a la iniciativa de quienes el aparato quería transformar en autómatas. Esta contradicción podría cuajar como simple oposición de dos grupos en una sociedad estática. Pero el cambio continuo de los medios y de los métodos de producción, que el propio régimen debe introducir, crea un conflicto que nunca se atenúa [1956b, 1957c,1958a,1960b,1963].
9. Esta contradicción fundamental y la naturaleza misma del aparato burocrático hacen que la "planificación" burocrática sea esencialmente caótica e irracional, incluso desde el punto de vista de los objetivos que la burocracia se propone. Al considerar la sociedad capitalista de su época, Marx oponía el despotismo en el taller a la anarquía en la sociedad. Pero el capitalismo burocrático, tanto en el este como en el oeste, es el despotismo y la anarquía en el taller y en la sociedad. Los inmensos derroches y el absurdo de la "planificación" burocrática, bien conocidos desde hace mucho tiempo, en modo alguno son un rasgo accidental susceptible de reforma; son el fruto de los caracteres más importantes de la organización burocrática. La existencia misma del aparato burocrático lleva la opacidad social a un grado desconocido antes y hace que la información requerida para una planificación -de la economía o hasta de la producción de una gran empresa- sea constantemente defectuosa. La masa de los ejecutantes oculta la verdad al aparato. La condición vital de la existencia de todo sector de la burocracia es la falsificación de los hechos para los ojos del resto de la burocracia. El aparato trata de resolver el problema multiplicando controles e instancias burocráticas que no hacen sino multiplicar los factores que hacen nacer el problema. A medias ciego, el aparato está también a medias privado de cerebro. Peritaje", "saber técnico", "competencia" de la burocracia son sólo señuelos ideológicos. En un sistema burocrático y jerárquico moderno (lo opuesto de un sistema tradicional), no existe ni puede existir un dispositivo o procedimiento "racional" para nombrar y ascender a los burócratas. En consecuencia, una gran parte de la actividad de los burócratas está orientada a resolver por todos los medios su problema personal. De esta manera la lucha entre camarillas y clanes se convierte en un factor sociológico esencial que domina la vida del aparato y vicia radicalmente su funcionamiento, pues la mayor parte del tiempo transforma las opciones objetivas en elementos de la lucha entre camarilla y clanes. Al crear una división radical en la sociedad a causa de su existencia misma, al fragmentarla cada vez más a fin de controlarla mejor al introducir en su propio seno la misma fragmentación, la misma división del trabajo y de las tareas que el aparato impone en todas partes, éste pretende ser el lugar de la síntesis, de la recomposición de la vida social... pero sólo lo es de manera ficticia. Las instancias burocráticas particulares quedan atascadas regularmente en su propia inercia. Brutales intervenciones de la cumbre del aparato deben zanjar cada vez in extremis y de manera arbitraria los problemas cuya resolución ya no puede postergarse [1956b, 1960b,1976].
10. La industrialización de Rusia no atenuó en modo alguno los conflictos ni las antinomias que desgarran a la sociedad rusa ni tampoco redujo el poder de la burocracia. Verdad es que el terror policial cambió de grado y de métodos desde la muerte de Stalin, en tanto que la burocracia trataba de echar a andar por la senda de las "sociedades de consumo". Pero tanto el contenido como el fracaso de las iniciativas de Kruschev muestran los límites de los intentos de autorreforma en la burocracia y las contradicciones que esos intentos encuentran. Por ejemplo, cierto grado de "democratización" parece requisito necesario para superar los rasgos más irracionales del sistema. Pero aun los intentos más tímidos realizados en esta dirección corren el riesgo de desembocar en grandes explosiones (por ejemplo, los acontecimientos de 1956 en Europa Oriental) o bien abren la puerta para que se utilicen "derechos" concedidos que rápidamente se hacen intolerables para la burocracia (por ejemplo, disidencia de los intelectuales desde hace unos quince años). Lo cierto es que cualquier posibilidad de poner en tela de juicio el poder del partido sería un suicidio para la burocracia, y toda "democratización", aun limitada, del partido sería un suicidio para la instancia que encama, personifica y ejerce el poder, esto es, la cumbre del aparato. Asimismo, la necesidad de reformar la gestión de la economía en todos los planos a fin de limitar los absurdos choca con la necesidad de reducir el papel y los poderes discrecionales de la burocracia, es decir, la necesidad de una automutilación de la capa dominante. Y eso ocurriría si se intentara inyectar algún "mecanismo de mercado" en el sistema actual; pero también ocurriría si se quisiera proceder a una "cibernetización" de la economía que exigiría -expediente de todas maneras irrealizable en la situación rusa- la eliminación de la mayor parte de la burocracia "productiva" y económica existente y sólo determinaría la proliferación de nuevas instancias burocráticas. De esta manera, las "reformas" económicas de la burocracia se traducen esencialmente en fluctuaciones reiteradas entre intentos de una mayor centralización y de una menor centralización [1956b, 1957b]. Verdad es que no es inconcebible un régimen burocrático más flexible (considérese el caso de Yugoslavia). Son las condiciones concretas de Rusia las que hacen extremadamente improbable semejante posibilidad: el riesgo de que se hunda el imperio ruso (considérense tanto los acontecimientos de 1956 como la invasión de Checoslovaquia en 1968) y la situación virtualmente explosiva que existe en el país mismo.
11. En efecto, los problemas fundamentales que afrontaba el imperio de los zares y que provocaron su derrocamiento no sólo no fueron resueltos sino que están ahora considerablemente agravados. Problema agrario: los campesinos, hasta muy recientemente, se encontraban en estado de servidumbre jurídica, atados a la gleba de derecho (no poseían pasaporte interno) y sin duda continúan siéndolo hoy de hecho; Rusia, granero de Europa ya antes de la época de Herodoto, apenas logra alimentar a su población, cuando los países occidentales subvencionan al campesinado para que produzca menos; la "organización" de la agricultura se revisa constantemente sin ningún resultado tangible. Problema del desarrollo industrial: el sistema no logra satisfacer la demanda de la población en cuanto a objetos de uso corriente; la fabricación de productos de una calidad satisfactoria y constante continúa siendo una cuestión insoluble; el equilibrio militar con los Estados Unidos sólo puede mantenerse dedicando una proporción exorbitante de los recursos productivos (probablemente tres o cuatro veces mayor que en los Estados Unidos) a la producción de armamentos y al precio de un considerable subdesarrollo en todos los sectores civiles; después de sesenta años de "socialismo" y de sobreexplotación de la población, el producto nacional por habitante es del mismo orden de magnitud que el de España, si no el de Grecia. Este régimen "socialista" no pudo aun resolver el problema que los hombres ya habían resuelto desde el período neolítico: asegurar la provisión de grano entre una cosecha y la siguiente. Ni logró superar este problema ya resuelto desde los fenicios: suministrar a quienes están dispuestos a pagar su precio las mercancías que piden. Problema nacional: el chauvinismo de la gran Rusia y el antisemitismo, más fuertes que nunca, suscitan el odio de las nacionalidades encerradas por la fuerza en la prisión modernizada de los pueblos; Rusia es el único país importante y "desarrollado" en el cual naciones enteras son mantenidas en la servidumbre. Cuestión política: independientemente de la radical exclusión del pueblo de todo control sobre los asuntos públicos y de todo conocimiento de éstos, la burocracia no pudo encontrar ni puede encontrar ningún modo de funcionamiento regular para resolver el problema de su propia dirección, fuera de la lucha entre camarillas y clanes y de las intrigas de palacio. Como los cambios en la cumbre deben ser lo más espaciados en la medida de lo posible, pues de otra manera sobrevendría el desquiciamiento fatal de todo el edificio, la gerontocracia es la consecuencia ineluctable de tal situación. El estado y el partido, que es su alma, pretenden regular todos los aspectos de la vida social y resolver todos los problemas en lugar de los interesados mismos, pero no hacen sino multiplicar esos problemas en virtud de la existencia misma del estado y del partido y por el modo de operación de éstos. Su monstruoso crecimiento atestigua la agudeza extrema de la división antagónica de la sociedad. La persistencia y el agravamiento de todos estos problemas van acompañados por una verdadera involución cultural. El pueblo que produjo a un Dostoyevski, a un Musorgski, a un Maiakoski debe soportar ahora el cretinismo, la vulgaridad y la ramplona esterilidad de la cultura "oficial". Al mismo tiempo, la ideología del estado se descompone. La invocación al marxismo leninismo se ha convertido en un simple ritual [1956a]. La burocracia condena a la esterilidad a la cultura rusa porque ella misma está condenada al mutismo. Le es imposible hablar o dejar hablar verdaderamente sobre su pecado original, sobre su sangriento nacimiento en la época del terror de Stalin, a quien no se atreve ni a condenar plenamente ni a rehabilitar plenamente; le es imposible borrar lisa y llanamente treinta o cuarenta años de historia rusa, la cual continúa desarrollándose sin ninguna alteración esencial. También le es imposible dejar presentar una imagen verídica de su presente, aunque esa imagen sea artística, le es imposible aceptar una discusión sobre el estado de la sociedad rusa, tolerar investigaciones e iniciativas que pudieran escapar a su control. El resultado de esto es el deterioro (para no decir la desaparición total) de su influencia sobre las jóvenes generaciones, pero también sobre una parte creciente de la población. En realidad, el único cemento de la sociedad burocrática, aparte de la represión, es ahora el cinismo. La sociedad rusa es la mayor sociedad cínica de la historia. Pero en la historia no se conoce un ejemplo de sociedad que haya podido sobrevivir largo tiempo en el puro y simple cinismo; tampoco se debe a un azar el hecho de que el chauvinismo y el nacionalismo de la gran Rusia se hagan cada vez más pronunciados. Comprimidos por el terror burocrático, semejantes conflictos estallan con tanta mayor violencia cuando se presenta la ocasión (considérense los ejemplos descritos por Solyenitsin o Pliuch). Entre los países industrializados, el país ruso es el primer candidato para una revolución social.
12. El régimen ruso forma parte integrante del sistema mundial de dominación contemporánea. Con los Estados Unidos y China, Rusia constituye uno de los tres pilares de dicha dominación; solidariamente con los otros dos, el régimen ruso es el gerente y el garante del mantenimiento del statu quo social y político en la escala del planeta. Esta solidaridad y complicidad, que están constantemente en acción entre bambalinas, se manifestaron de manera estridente, por ejemplo, cuando estos tres países intervinieron de común acuerdo para ayudar al gobierno de Ceilán a aplastar el levantamiento de 1971; así como es más que posible que los Estados Unidos y Rusia intervendrían de común acuerdo para sofocar una revolución en Europa o en cualquier lugar, una vez que estuvieran convencidos de que no podrían controlarla o utilizarla. Pero, paralelamente, el antagonismo imperialista de los tres países continúa siendo agudo y teniendo como horizonte una guerra mundial que el equilibrio del terror nuclear en modo alguno ha hecho imposible, como lo pretende la propaganda oficial.
II
13. Convengamos en llamar régimen social a un tipo dado de institución de la sociedad que sobrepase una sociedad singular. El concepto y la expresión "modo de producción" tienen una validez si se trata de caracterizar la producción como tal, pero no una sociedad o una clase de sociedad. Esto podría ser únicamente si producción y "modo de producción" determinaran necesariamente y suficientemente el conjunto de la organización social y de la vida social, lo cual ni siquiera es falso, sino que carece de todo sentido. La relación misma entre la producción (y las relaciones de producción) y la organización global de la sociedad es en cada caso específica e inherente al régimen social de que se trata, inherente a la institución dada de la sociedad y forma parte de esta institución [1964b, 1974a, 1975]. El régimen social de Rusia (y de los países de Europa Orienta¡, de China, etc.) es el capitalismo burocrático total y el régimen social de los países industrializados del Occidente es el capitalismo burocrático fragmentado [1949a, 1949b, 1976].
14. El surgimiento de la burocracia moderna y del capitalismo burocrático, total o fragmentado, suscita un número inmenso de problemas de los que aquí sólo podemos indicar algunos. Esos problemas hacen periclitar las concepciones heredadas sobre la sociedad y la historia; el advenimiento histórico de la burocracia y el funcionamiento de la sociedad burocrática resultan incomprensibles en el marco de las grandes teorías tradicionales [1949a, 1963, 1964a, 1973, 1975]. El mundo contemporáneo vive de conformidad con representaciones de la sociedad y de la historia que, formadas ya en 1848, nada tienen que decir sobre el mundo contemporáneo. Y esto es evidente en el caso de las concepciones "liberales" y "neoliberales", económicas y sociológicas. ¿Qué puede ser para estas concepciones el régimen burocrático (que infringe constantemente la "racionalidad económica") sino un accidente negativo y contrario a la naturaleza humana? ¿Cómo entender la transformación de los ciudadanos en engranajes de la maquinaria estatal sino como un resurgimiento inexplicable (en medio de la "democracia" y de la "difusión de los conocimientos") de la forma transhistórica de la tiranía? La situación es algún tanto diferente cuando se trata de la concepción de Marx, pero con la condición de quebrarle su armazón sistemático y dogmático, con la condición de comprender sus límites y de poner dicha concepción en relación con las alteraciones de la realidad histórica. El capital ha de leerse a la luz de Rusia, y no leer Rusia a la luz de El capital. Los "marxistas" contemporáneos, al permanecer aferrados, no ya al pensamiento de Marx, sino a lo que, partiendo de ese pensamiento, ellos transformaron en esquema mecánico, se han hecho incapaces de decir algo pertinente sobre el mundo moderno. Sobre todo, la burocracia y el régimen burocrático son objetos de pensamiento que les resultan categóricamente imposibles.
15. De manera que, para la casi totalidad de las corrientes y de los autores marxistas (dejando ciertamente de lado a los comunistas ortodoxos), todo parece haber sido dicho cuando se caracteriza el régimen ruso como el producto de la degeneración de la Revolución de Octubre, degeneración causada por el "atraso" del país y el "aislamiento" del nuevo régimen. Que el régimen ruso haya tenido su origen en una revolución que invocaba al socialismo, revolución en la cual los obreros y los campesinos desempeñaron una parte decisiva y en gran medida autónoma, es una cosa. Que, invocando ese origen, se pueda evacuar la cuestión de la naturaleza actual de ese régimen, del producto final de esa "degeneración", es otra cosa completamente diferente. La coyuntura histórica a través de la cual se instaura un régimen tiene su importancia, pero en modo alguno basta para caracterizarlo. Un capitalismo establecido en virtud de la fusión pacífica de la burguesía con la antigua aristocracia o hasta la simple transformación de la simple aristocracia en clase capitalista (como en el Japón) no difiere esencialmente, en este sentido, de un capitalismo que se hubiera instaurado por obra de la eliminación violenta de la aristocracia por parte de la burguesía. El término mismo de degeneración no corresponde en verdad a lo que estamos tratando. El "doble poder del gobierno provisional y de los soviets entre febrero y octubre de 1917 fue sucedido por el "doble poder" del partido bolchevique y de los organismos de los trabajadores (esencialmente los comités de fábricas), el segundo término del cual fue gradualmente reprimido y definitivamente eliminado en 1921 [1949a, 1958b, 1960a, 1964a]. La explicación del advenimiento del régimen burocrático por la degeneración de una revolución se viene abajo cuando se considera el acceso al poder de la burocracia en China y en otras partes. La interpretación que apela a la degeneración como efecto del "atraso" y del "aislamiento" -interpretación irrisoriamente superficial que tiene la función de en cubrir la problemática política de una revolución socialista y ocultar desde el comienzo el carácter burocrático y totalitario del partido bolchevique- se ha hecho totalmente anacrónica, puesto que la industrialización de Rusia y la extensión del imperio burocrático no han puesto ningún freno al dominio de la burocracia. Si las supuestas causas han desaparecido y el efecto persiste y, es más aun, si el efecto se produce cuando las causas no existen, es forzoso reconocer que ese efecto tiene otras raíces en la realidad, raíces que no son las circunstancias que rodearon su primera aparición. Esas concepciones al continuar invocando a Marx -quien dijo "Al molino de sangre corresponde la sociedad feudal, al molino de vapor corresponde la sociedad capitalista'-- afirman implícitamente que a la fabricación en serie corresponde aquí el capitalismo y allá, el "socialismo" o el "estado obrero". Incapaces de reflexionar sobre esta nueva entidad historicosocial que es la burocracia moderna, los autores de estas concepciones sólo pueden hablar de Rusia, de la China, etc., con referencia a una sociedad socialista de la cual esos regímenes representarían deformaciones. De manera que sólo conservarían de Marx su esquema metafísico y determinista de la historia: para ellas existiría una etapa predeterminada de la historia de la humanidad, el socialismo, que debe suceder necesariamente al capitalismo. En consecuencia, lo que no es "capitalismo" (concebido por añadidura de la manera más superficial y partiendo de la "propiedad privada" de las "mercancías", etc.) no puede ser sino socialismo por más que se trate de un socialismo deformado, degenerado, muy degenerado, etc. Pero el socialismo no es una etapa necesaria de la historia.
Es el proyecto histórico de una nueva institución de la sociedad, cuyo contenido es el autogobierno directo, la dirección y la gestión colectiva por los seres humanos de todos los aspectos de su vida social y la autoinstitución explícita de la sociedad. Al reducir el socialismo a una cuestión puramente "económica" y la realidad económica a las formas jurídicas de la propiedad, al presentar como socialistas la estatización y la planificación burocrática, dichas concepciones tienen la función social de enmascarar el dominio de la burocracia, de ocultar sus raíces y sus condiciones para justificar la burocracia activa o para disimular las
miras de los burócratas "revolucionarios" candidatos al poder.
16. Hasta cierto punto, la burocracia moderna es concebible dentro del marco marxista; pero más allá de ese punto la burocracia moderna lo trasciende. Hasta un cierto nivel de abstracción (como lo vio Max Weber y como no lo vio Marx) la burocracia moderna constituye la culminación inmanente de la evolución “ideal" del capitalismo. Desde el punto de vista estrecho de la producción económica, la evolución tecnológica, la organización concomitante de la producción y el proceso de concentración del capital determinan la eliminación del capitalista individual %independiente" y el surgimiento de un estrato burocrático que "organiza" el trabajo de millares de trabajadores en las empresas gigantes, que asume la gestión efectiva de la empresa y de los complejos de empresas y que se hace cargo de las incesantes modificaciones de los instrumentos y de los métodos de producción (por lo cual esa burocracia difiere radicalmente de toda burocracia "tradicional" que administra un sistema estático). Alcanzado su pleno desarrollo, este estrato se apropia de una parte del excedente producido (en la forma de "salarios", etc.) y decide sobre el destino de la otra parte de ese excedente mediante mecanismos de los cuales la "propiedad privada del capital" no es una condición ni necesaria ni suficiente. El capitalista o los capitalistas "propietario?, si es que subsisten, sólo pueden desempeñar un papel en la empresa moderna según el lugar que ocupen en la pirámide burocrática. Si, como pensaba Marx, la concentración del capital "no se detiene antes de que todo el capital social esté concentrado en las manos de un solo capitalista o grupo de capitalistas", ese solo capitalista o grupo de capitalistas no podría dominar personalmente a centenares de millones de trabajadores; semejante situación no puede concebirse sin el surgimiento y crecimiento de un estrato que controle, que administre, que dirija efectivamente la producción y que disponga en realidad de ella, estrato del que el capitalista mismo dependería. En la historia efectiva de los países capitalistas clásicos, la concentración no llega (y no podría llegar) a su "límite ideal" de esta manera (en función de solamente la evolución económica). Pero las tendencias que acabamos de describir se realizan ampliamente y suficientemente para permitir definir el régimen social de los países occidentales como capitalismo burocrático fragmentado. La burocracia moderna puede interpretarse pues, dentro del marco de referencias de Marx, como el producto orgánico de la evolución de la producción capitalista y de la concentración del capital, como la "personificación del capital" en una determinada etapa de su historia, como uno de los polos de la relación de producción capitalista, la división dirigentes/ ejecutantes, y como el agente activo de la realización, de la difusión, de la penetración cada vez mayor de esta relación en las actividades de producción (y en todas las demás). La separación de la dirección y de la producción inmediata, la transferencia de la dirección desde la actividad de trabajo a una instancia exterior al trabajo y al trabajador, la seudorracionalización, el "cálculo" y la "planificación" extendida a segmentos cada vez mayores de la producción y de la economía, etc. son todas funciones que no pueden ser realizados por"personas" simplemente mediante la "propiedad del capital". También queda completamente excluido el hecho de que dichas funciones sean realizadas por el "mercado" a menos de concebir éste según la mitología de la economía política (que en realidad Marx compartía). Esas funciones sólo pueden ser cumplidas por la burocracia y en virtud de la creación del aparato burocrático [1949a, 1959a, 1960b].
De manera que la dominación de la burocracia se manifiesta corno la forma adecuada por excelencia de la dominación del "espíritu" del capitalismo (también aquí Max Weber había visto las cosas mucho más claramente que Marx), es decir, del magma de significaciones imaginarias sociales realizadas por la institución del capitalismo.
17. La ceguera de Marx ante las implicaciones de su propia visión, por lo demás correcta respecto a la concentración del capital, no es accidental (y esa ceguera tiene las mismas razones que la indigencia de la mayor parte de los otros enfoques teóricos de la burocracia moderna). La concentración, en su límite, implica no sólo la eliminación de los capitalistas individuales sino también la "abolición del capital" como tal y de la "economía" como sector efectivamente separado del resto de la vida social. La concentración y la monopolización determinan la reducción creciente del "mercado", la alteración esencial del carácter de lo que subsiste de él, su reemplazo por el condominio de los oligopolios y los monopolios y finalmente por una organización "integrada" ("planificada") de la producción y de la economía. En el límite de la concentración total (y en realidad muchos antes de que ésta sea alcanzada) ya no hay verdadero "mercado", ya no hay "precios de producción", ya no hay "ley de valor" y, por fin, ya no hay 'capital"en el sentido que Marx daba a este término (que contiene como elemento ineliminable la idea de una suma de "valores" en proceso de autoincremento). En el mejor de los casos, la "ley del valor" queda transformada en regla (norma, prescripción) de comportamiento subjetivo "racional" del capitalismo único o de la burocracia. En el capitalismo burocrático total ya no se puede hablar de leyes económicas", haciendo abstracción de las trivialidades (pues las coacciones físicas y técnicas no son leyes económicas"). Por eso, también están vacías de contenido las concepciones que ven en Rusia un "capitalismo de estado" y pretenden que las "leyes económicas del capitalismo" continúan imperando allí con la simple sustitución de la "clase capitalista" por el "estado".
18. Pero, si nos quedamos con esta interpretación de la burocracia, descuidaríamos dimensiones esenciales de su realidad, precisamente las dimensiones que ponen en tela de juicio la concepción marxista y la hacen finalmente insostenible. Ni siquiera en los países capitalistas "clásicos", el surgimiento y el crecimiento de la burocracia pueden reducirse a la concentración del "capital" y a la burocratización concomitante de la producción y de la empresa. En realidad, la organización industrial occidental, desde sus orígenes, toma su modelo de la organización burocrática y jerárquica secular de los estados y de los ejércitos, modelo que ella transforma para su uso, no sólo adaptándolo a las necesidades de la producción, sino sobre todo haciéndolo el instrumento y el portador del "cambio", en oposición a la burocracia "estática" tradicional. Luego, el modelo burocrático industrial es a su vez vuelto a adoptar por el estado, por el ejército y por los partidos. La burocratización de las sociedades capitalistas clásicas tiene una fuente poderosa en la expansión considerable del papel y de las funciones del estado, tanto generales como propiamente económicas, independientemente de toda "estatización" formal de la producción (considérese el caso de los Estados Unidos), expansión que implica tanto la proliferación del estrato burocrático y la ampliación de sus poderes, como la multiplicación de mecanismos institucionales no mercantiles de integración y de gestión de las actividades sociales. Por fin, esa burocratización tiene una fuente importante en la evolución del movimiento obrero. La constitución de una burocracia sindical y política "obrera" revela la adopción del modelo capitalista por las organizaciones obreras y su aceptación por parte de sus miembros [1959] ; es decir, el dominio continuado de las significaciones imaginarias del capitalismo y de los correspondientes dispositivos institucionales (división dirigentes/ejecutantes, jerarquía, especialización, etc.) sobre la clase obrera fuera de la producción y sobre los instrumentos mismos que dicha clase creó para luchar contra el capitalismo.
19. De manera que la evolución de una sociedad capitalista "clásica" hacia el capitalismo burocrático fragmentado no puede interpretarse solamente atendiendo a la producción y a la economía. Pero aun más importante es el hecho de que el surgimiento y el dominio de la burocracia en Rusia no son el fruto de tal evolución "orgánica" sino que se deben a la ruptura representada por la revolución de 1917 y a un proceso esencialmente político. La primera burocracia moderna que se constituye en estrato dominante -y que sirve mundialmente como catalizador y acelerador del proceso de burocratización- no es la burocracia "canónica" engendrada por el capitalismo tradicional, sino que nace por obra de la destrucción del capitalismo tradicional [1964a, 1964b]. Aun más esclarecedores el caso de los países "precapitalistas" y, por excelencia, el de China. Aquí, la burocracia al llegar al poder por obra de un proceso político y al instaurar en su provecho relaciones de dominio, crea prácticamente ab ovo "relaciones de producción capitalista" y la infraestructura material correspondiente. La burocracia china no es el fruto de la industrialización de China, sino que la industrialización de China es el producto de la burocracia china. La mediación efectiva y concreta entre el sistema mundial de dominio y la transformación burocrática de China no está representada por las "infraestructuras", salvo negativamente, por cuanto la penetración y el impacto del capitalismo habían dislocado la organización tradicional de China; eso ocurrió también en otras partes sin que el resultado fuera el mismo. Los portadores "materiales" de las condiciones de la transformación burocrática en China fueron los catecismos "marxistas" y el modelo militar y político bolchevique, y no las máquinas y ni siquiera los fusiles (Chang Kaischek tenía gran cantidad de ellos). La mediación concreta entre el capitalismo mundial y la transformación burocrática china es la penetración en el país de significaciones imaginarias sociales del capitalismo y de los tipos de institución y de organización correspondientes (ideología "marxista", partido político, "progreso", "producción", etc.). Y es en este sentido -y no porque se hubiera registrado allí dominación del "capital"- en el que la China, lo mismo que Rusia, etc., pertenecen en definitiva al mismo universo histórico social que los países "occidentales", el universo del capitalismo burocrático.
20. De manera que el capitalismo burocrático total no es ni una simple variación del capitalismo tradicional, ni una etapa de la evolución "orgánica" de éste. Como pertenece al universo histórico social del capitalismo, representa también una ruptura y una creación histórica nueva. Y la relación entre lo que se altera y lo que no se altera cuando uno pasa del capitalismo tradicional al capitalismo burocrático total es también ella nueva [ 1964a, 1964b, 19751. Esta ruptura es evidente cuando se considera el grupo social concreto que en los dos casos ejerce la dominación. La ruptura es tanto más evidente cuando se considera la institución específica del régimen social y se miran especialmente los mecanismos y dispositivos explícitos e implícitos, formales e informales, mediante los cuales se realiza y se asegura el dominio de un grupo social particular sobre el conjunto de la sociedad. La institución núcleo y germen del capitalismo -la empresa- constituye el vínculo entre las dos fases. Pero la "propiedad (o mejor dicho el hecho de disponer de la propiedad privada" del capital, el mercado como mecanismo de integración económica, la distinción formal del "estado" y de la "sociedad civil", esenciales para la existencia del capitalismo tradicional, desaparecen en el capitalismo burocrático total que se caracteriza por la extensión universal del aparato burocrático y jerárquico moderno, por el "plan" como mecanismo de integración, por la desaparición de la distinción formal entre la "sociedad civil" y el "estado". La relación del grupo dominante con esos mecanismos es evidentemente diferente en los dos casos; lo mismo que en todos los regímenes sociales, como la relación de la capa social dominante con los mecanismos instituidos corresponde a su dominación, dicha relación es en cada caso su¡ generis, es parte propia y específica de la institución de ese régimen social. En buena parte, la incomprensión del régimen ruso se debe también al hecho de que siempre se quiere ver la relación entre la burocracia y los mecanismos instituidos atendiendo al modelo de la relación de la burguesía con la propiedad del capital y con el mercado (ora para afirmar que las dos relaciones son idénticas, ora para concluir de su diferencia que en Rusia no hay explotación del hombre por el hombre). Pero la relación entre los propietarios de esclavos y los mecanismos del régimen esclavista, la relación entre los señores y los mecanismos del régimen feudal, la relación entre los burgueses y los mecanismos del régimen capitalista es cada vez diferente y forma parte del modo de institución de los regímenes sociales correspondientes [1964b, 1974, 1975].
Asimismo, es tan erróneo concebir el grupo social dominante como simple "personificación" de los mecanismos y dispositivos instituidos (según hace Marx en el caso de los capitalistas y el "capital") como ver en esos mecanismos un simple %instrumento" de ese grupo (como hace la mayor parte de los marxistas en el caso del estado). Esta relación no puede pensarse atendiendo a las categorías de la "instrumentalidad", de la "personificación" o de la "expresión"; se trata de una relación que no tiene un análogo en otra parte, de una relación que hay que pensar en sí misma. Y desde el punto de vista político es tan falaz hablar del "pode? pasando por alto el hecho de que siempre se trata también de poder de un grupo sobre los demás, como hablar de grupos o de clases pasando por alto los sistemas instituidos que les corresponden. En el capitalismo burocrático total, la intricación de lo "económico", de lo "político", de lo "ideológico", etc. adquiere un carácter nuevo respecto de las sociedades capitalistas "clásicas"; se trata de una institución diferente de las esferas de la actividad social y de su articulación. Es absurdo discurrir respecto de ella como si las categorías sociales instituidas separadamente por otros tipos de sociedad y especialmente por la sociedad capitalista "clásica" -economía, derecho, estado, cultura subsistieran sin alteración alguna en ese caso [1964b, 1974, 1975].
21. El advenimiento del capitalismo burocrático total confirma lo que el estudio de las sociedades precapitalistas ya habría podido mostrar: las "clases" no se forman en general en la producción, ni por la producción [1964a, 1974]. La institución de un régimen social de división asimétrica y antagónica equivale a la instauración de una relación de dominio entre un grupo social y el resto de la sociedad, a la cual corresponde un conjunto de instituciones "segundas" [1975, págs. 495-496]. Esas son las instituciones que encaman y realizan, en la esfera estrechamente política y coercitiva, el poder del grupo dominante y especialmente el estado; son las que permiten la creación de un excedente económico y su apropiación por parte del grupo dominante; son por fin las que aseguran la dominación de los mitos, de las creencias religiosas, de las ideas, en suma, de las representaciones y significaciones sociales que corresponden a la institución de la sociedad, a su interiorización por parte de los individuos y a la modelación indefinida de individuos adecuados a esa institución. Por ejemplo, relaciones de producción antagónicas no pueden existir ni lógica ni realmente sino como momento y dimensión de las relaciones de dominación. Son intrínsecamente relaciones de dominio en la esfera específica de la producción y del trabajo: son relaciones de dominio exteriores al proceso de trabajo mismo en un régimen esclavista o en un régimen feudal, relaciones que en el régimen capitalista lo penetran cada vez más [1949, 1964b]. Y esas relaciones implican la constitución de un poder sobre la sociedad y su apropiación por parte de un grupo social particular. El origen y el fundamento de la unidad de ese grupo no están necesariamente en la posición idéntica de los individuos que lo componen respecto de la producción, sino que está en la participación de esos individuos en el poder ejercido sobre el resto de la sociedad, poder que desde luego debe traducirse también como "poder económico", es decir, como posibilidad de disponer del tiempo de los individuos y destinar una parte de ese tiempo a actividades que sirvan al grupo dominante o de cuyo resultado éste se apropia. Puede ocurrir que semejante poder esté ya históricamente constituido en la sociedad considerada y que una categoría social formada partiendo de la producción/economía (o también de alguna otra manera) se adueñe de él y, transformándolo poco o mucho, llegue a ejercer la dominación plena. Ese fue el caso de la burguesía, que Marx, extrapoló erróneamente al conjunto de la historia. Pero, aun en ese caso, sería falso ver en el poder y en el estado algo que se añade a una estructura productiva económica permaneciendo exterior a ella o un simple instrumento de la capa social en vías de llegar a la dominación. Pero también puede ocurrir que, mediante la instauración directa de una nueva relación de dominio y de una nueva forma de poder, un grupo social (grupo étnico conquistador, "grupo político") cree e imponga las relaciones de producción que corresponden a ese dominio y que permiten su reproducción social. Ese fue probablemente el origen de las sociedades esclavistas y, con toda seguridad, el origen más frecuente de los regímenes feudales; y ese es el origen de los regímenes burocráticos contemporáneos en Rusia, en China o en Europa Oriental.
22. En el capitalismo burocrático total, la abolición de la economía como esfera separada y relativamente autónoma forma parte de una alteración esencial de la relación entre "sociedad civil" y estado. A decir verdad, esta distinción misma -que continúa atiborrada de importantes elementos ideológicos correspondientes al punto de vista burgués clásico sobre la sociedad- debe ser reexaminada. La realidad de las relaciones entre la sociedad civil y el estado nunca fue como la presentaron las construcciones teóricas (incluso en Hegel y en Marx). Pero en todo caso la sociedad burguesa vive y se desarrolla en medio de la distinción de una esfera pública estatal. Esta distinción ya parece desdibujada en la evolución que conduce al capitalismo burocrático fragmentado: la extensión de las actividades del estado restringe cada vez más la esfera pública "civil", y la esfera "privada" misma tiende a convertirse (bajo múltiples formas) en "pública" [1960b, 1963]. Con el capitalismo burocrático total se produce un salto cualitativo. La distinción entre la esfera pública "civil" y la esfera pública estatal se borra, la esfera "privada" queda reducida al mínimo (en el caso extremo, a las funciones biológicas de los individuos). No hay sin embargo dominio absoluto del estado como tal sobre la sociedad, ni se produce la "absorción de la sociedad civil por el estado". Pues el propio estado está dominado por un organismo político separado que, en el caso típico y sobresaliente, es el partido, instancia última de decisión y de poder, y, dentro del partido mismo, la instancia última es la cumbre del aparato. El partido, organización y medio unificador del grupo dominante, sólo puede identificarse con la sociedad mientras el terror que el partido ejerce sobre ella (al reducirla al silencio) denuncia esta identificación. Y el estado no podría "absorber" la sociedad sin dejar de ser lo que es y lo que su nombre indica claramente: una parte de la sociedad, un cuerpo particular dentro de la sociedad. Por lo demás, la desaparición formal de la distinción entre sociedad civil y estado no significa ni la "absorción" de la sociedad por el estado, ni una "unificación" de la sociedad. La pretensión de unificación y de homogeneización de la sociedad (formulada en la ideología del partido) sólo tiene realidad desde un solo ángulo: la sumisión indiferenciada de todos al poder ilimitado y a la arbitrariedad de la cumbre del aparato. Fuera de esto, dicha pretensión no puede encubrir la persistencia de una diferenciación social (y no simplemente "profesional"), tan pronunciada como en el capitalismo tradicional (ciudadanos y campesinos, trabajadores manuales y trabajadores intelectuales, hombres y mujeres, etc.), una división asimétrica y antagónica de la sociedad entre dirigentes y ejecutantes (división cada vez más compleja por obra de la interpretación recíproca de las diferentes pirámides y jerárquicas) y, por fin, las divisiones y conflictos que se registran en el seno de la burocracia misma. Es más aun, esa pretensión hace nacer una nueva oposición entre la existencia formal de un estado (que debería abarcar la totalidad de la sociedad y coincidir con ésta) y la realidad de lo social que constantemente se le escapa al estado y que difiere de él a la vez por exceso (haciendo, más de lo que se supone que debe hacer) y por defecto (no haciendo lo que se supone que debe hacer). Esta oposición va acompañada (cuando se considera el estado en sí mismo) por una nueva escisión entre la apariencia del estado y su realidad. La vida "pública civil" se convierte en vida estatal. Pero la vida estatal ya no es más enteramente pública; su desarrollo debe ocultarse en los menores detalles, y lo que en otras partes es "público" y sin problemas se convierte aquí en secreto de estado (desde las estadísticas económicas más simples hasta las guías telefónicas y los planos del subterráneo de Moscú).
23. El régimen ruso pertenece al universo histórico social del capitalismo porque el magma de la significaciones imaginarias sociales que animan su institución y se realizan en virtud de ella es el magma mismo que sobreviene en la historia con el capitalismo y por obra del capitalismo. Puede describirse el núcleo de ese magma como la expansión ¡limitada del dominio "racional". Se trata, por supuesto, de un dominio en gran parte ilusorio y de la seudorracionalidad del entendimiento y de la abstracción [1955, 1957c, 1960b, 1964a, 1964b, 1973, 1974b, 1975]. Es esta significación imaginaria lo que constituye el punto de empalme central de las ideas que se convierten en fuerzas y de los procesos efectivos que dominan el funcionamiento y la evolución del capitalismo: la expansión ¡limitada de las fuerzas productivas, la preocupación obsesiva por el "desarrollo",el "progreso técnico" seudorracional, la producción, la economía, la racionalización y el control de todas las actividades, la división cada vez más pronunciada de las tareas, la cuantificación universal, el cálculo, la "planificación", la organización como fin mismo, etc. Las formas correlativas de esto son las formas institucionales de la empresa, del aparato burocrático jerárquico, del estado moderno y del partido moderno, etc. Muchos de estos elementos -significaciones y formas institucionales- se crearon durante períodos históricos anteriores al capitalismo. Pero fue la burguesía, durante su transformación en burguesía capitalista, la que al retomarlos alteró su sentido y su función, los reunió y los subordinó a la significación de la expansión ¡limitada del dominio "racional" (explícitamente formulado desde Descartes y siempre central en Marx, por lo cual el pensamiento de éste continúa anclado en el universo capitalista). Y esta significación, expresada por la transformación del marxismo en ideología y por la organización política del partido, reúne, unifica, anima y guía la burocracia en su acceso al dominio de la sociedad, en la institución específica de su régimen y en la gestión de éste.
24. La "realización" de esta significación imaginaria social es profundamente antinómica. Ese es el rasgo decisivo de las sociedades modernas, rasgo que las opone radicalmente a las sociedades tradicionales, "arcaicas" o "históricas", en las que no se encuentra una antinomia de este tipo [1960b, 1964b, 1975]. La sociedad moderna sólo apunta a la "racionalidad" y sólo produce masivamente la "irracionalidad" (desde el punto de vista de esa misma "racionalidad"). 0 bien: en ninguna otra sociedad conocida, el sistema de representaciones que la sociedad se confiere está en oposición flagrante y violenta con la realidad de esa sociedad, como ocurre en el régimen del capitalismo burocrático.
Es perfectamente lógico que esa antinomia alcance un paroxismo delirante en las formas extremas del totalitarismo "marxista", con el régimen de Stalin y de Mao.
25. En las sociedades modernas, este sistema de representaciones tiende cada vez más a reducirse a la ideología. La ideología es la elaboración "racionalizada y sistematizada" de la parte manifiesta, explícita, de las significaciones imaginarias sociales que corresponden a una institución dada de la sociedad o al lugar y a las miras de una determinada capa social dentro de esa institución. La ideología no puede pues aparecer ni en las sociedades "míticas" ni en las sociedades simplemente religiosas. Tiene su verdadero desarrollo sólo a partir de la institución del capitalismo, lo cual es evidente por sí mismo. En el capitalismo, la ideología adquiere una importancia creciente por el hecho mismo de que la significación imaginaria central del capitalismo es la presunta racionalidad y por el hecho de que su contenido mismo exige esa forma de expresión "racional" que es la ideología. De manera que ésta debe hacerlo todo explícito, transparente, explicable y racionalizable, en tanto que su función misma consiste en ocultarlo todo. Sujeto a esta contradicción intrínseca y en oposición frontal a la realidad social, la ideología se ve forzada a rebajarlo todo y a rebajarse ella misma y así se convierte en forma vacía y está condenada a un acelerado deterioro interno. El destino actual del "marxismo leninismo" en Rusia y en la China ofrece una ilustración estrepitosa y extrema de la situación.
Octubre de 1977
* Informe de introducción a la cuarta y última jornada del seminario histórico desarrollado en Venecia dentro del marco de la Bienal y dedicado a la disidencia en los países del Este (15-18 de noviembre de 1977). Las limitaciones de tiempo me han obligado a presentar en ese informe en forma de tesis algunas de las ideas que elaboré a partir de 1946 sobre la "cuestión rusa" y sus implicaciones. Se encontrará el desarrollo y la argumentación de dichas ideas en los escritos cuya lista se da al final de este texto y a los cuales remitiremos mediante la indicación de su fecha.
REFERENCIAS
1946: “Sur le régime et contre la défense de l’URSS” BuJletin intérieur du PCI, nº 31 agosto de 1946, reimpreso en la Société bureaucratique, vol. I, París,UGE, colección “10/18", 1973, págs. 63-72.
1947a: “Le probléme de l’URSS et la possibilité d'une troisieme solution historique" en L'URSS au lendemain de la guerre, material de discusión preparatorio para el II Congreso mundial de la IV Internacional, tomo III, febrero 1947; reproducido en la Société bureaucratique, vol. I, op. cií., págs. 73-90.
1947b: “Sur la question de l’URSS et du stalinisme mundial”, Bulletin intérieur du PCI, nº 41, agosto de 1947; reproducido en La Société bureaucratique, vol. I, op. cit., págs. 91-100.
1948: “La concentraron des forces productives”, inédito (marzo 1948), luego publicado en la Société bureaucratique, vol. I, op. cit., págs. 101-113.
1949a: “Socialisme ou barbarie”, Socialisme ou Barbarie, nº 1, marzo 1949; publicado en la Société bureaucratique, vol. I, op, cit., págs. 205-281.
1949c; “L’exploitation de la paysannerie sous le capitalisme bureaucratique”, Socialismo ou Barbarie n 4, octubre 1949; reproducido en la Société bureaucratique, vol. I, op. cit., págs. 283-312.
1953a: “Sur la dynamique du capitalisme, I”, Socialisme ou Barbarie, nº 12, agosto de 1953.
1953b: “Sartre, le stalinisme et les ouvriers”, Socialisme ou Barbarie, nº 12, agosto 1953; reproducido en L'Expérience du mouvement ouvrier, vol. I, París, UGE, colección "10/18”, 1974, págs. 178-248.
1955: "Sur le contenu du socialisme, I”, Socialisme ou Barbarie, nº 17, julio de 1955; reproducido en le Contenu du socialisme, París, UGE, colección “10/18”, 1979.
1956a: “Khrouchtchev et la décomposition de l'idéologie bureaucratique”, Socialisme ou Barbarie, n° 19, julio 1956, reproducido en La Société bureaucratique, vol, II, París, UGE, colección “10/18”, 1973, págs. 189-209.
1956b: “La revolution prolétarienne contre la bureaucratie”, Socialisme ou Barbarie, n° 20, diciembre de 1956; reproducido en La Société bureaucratique, vol. II. op. cit. págs. 267-337.
1957a:“Bilan, perspectives, tâches”, Socialisme ouBarbarie, n° 21, marzo de 1957, reproducido en L'Experience du mouvement ouvrier, vol. 1, op. cit., págs. 383,408.
1957b: “La voie polonaise de la bureaucratisation”. Socialisme ou Barbarie, n°21, marzo de 1957; reproducido en La Société bureaucratique, vol. II, op. cit., págs. 339-371.
1957c: “Sur le contenu du socialisme, II”, Socialisme ou Barbarie, nº 22, julio de 1957; reproducido en Le contenu du socialisme, op. cit. págs. 103-221.
1958a: “Sur le contenu du socialismo, III”, Socialisme ou Barbarie, nº 22, julio de 1957, reproducido en L'Expérience du mouvement ouvrier, vol. II, París, UGE, colección “10/18”, 1974, págs. 9-88.
1958b: “Sur la dégénérescence de la révolution russe”, L'Ecole émancipée, abril de 1958, reproducido en Société bureaucratique, vol. II, op.cit., págs. 123-187.
1960a: "Conceptions et programe de Socialisme ou Barbarie”, Etudes, nº 6, Bruselas, octubre de 1960, reproducido en LaSociété bureaucratique, vol. II, op.cit., págs. 395-422.
1960b: “Le mouvement revolutionnaire sous le capitalisme moderne”, Socialisme ou Barbarie, nº 31, 32 y 33, diciembre de 1960, abril y diciembre de 1961; reproducido en Capitalisme moderne et Révolution, vol. II, París, UGE, colección “10/18”, 1979, págs. 47-203.
1963: “Recommencer la révolution”, Socialisme ou Barbarie, nº 35, enero de 1964, reproducido en L'Expérience du mouvement ouvrier, vol. II, op.cit., págs. 307-365,
1964a: “Le rôle de l'idéologie bolchevique dans la naissance de la bureaucratie, Socialisme ou Barbarie, nº 35, enero de 1964; reproducido en L'Expérience du mouvement ouvrier, vol. II, op.cit., págs. 385-416.
1964b: “Marxismo el theorie révolutionaire", Socialisme ou Barbarie, nº 36 a 40, abril de 1964 a junio de 1965; reproducido como primera parte de L' instilution imaginaire de la société, París, Ed. du Seuil, colección “Esprit”, 1975.
1973: “Introduction” al vol. I de La Société bureaucratique, op.cit.
1974a: "La question de l'histoire du mouvement ouvrier, Introducción al volumen I de L'Expérience du mouvement ouvrier, op.cit.
1974b: “Réflexions sur le ‘développement' et la rationalité”, informe para el coloquio de Figline-Valdamo, septiembre de 1974, publicado en Esprit, mayo de 1976, y ahora en Le Mythe du developpement, París, Ed. du Seuil, 1977, págs. 205-240.
1975: "L’imaginaire social et l'institution”: segunda parte de L'institution imaginaire de la société, op.cit.
1976: “The Hungarian Source”, Telos, Saint-Louis, Miss., otoño de 1976; versión francesa en Libre, 1, París, Payot, 1977; reproducido en Le contenu du socialisme, op. cit,, págs. 367-411.
Texto publicado en la revista Esprit, julio-agosto de 1978, luego en forma de folleto en Us Cahiers du vent du ch'min, Saint-Denis, 1982.
Best AI Website Creator