Sincategoremático


Estás empleando un término sincategoremático, le espetó Miguel. Y a Rodolfo, que tenía atrapadas las mandíbulas en el choripán, hubo que aplicarle maniobras de primeros auxilios porque el chorizo, por un lado, y el pan, por el otro, se le quedaron incrustados en laringe y faringe, respectivamente.

Todos reprendieron a Miguel. ¡Sos loco! ¡Cómo le decís eso!

Cuando el lance se hubo disipado, Miguel explicó:

_ Me preguntó qué me parecía el aviso de campaña del Alberto y la Cristina. El del lenguaje inclusive, agregó. No es lenguaje inclusive, le dije. Es inclusivo. Lenguaje inclusivo. Se quedó pensando. Y, ¿sabés qué me contestó?:
_ No. Es inclusive. Porque inclusivo es masculino. Inclusiva, femenino. Por eso es inclusive, porque es de los dos.
_ Es un hijo de puta.

(Rodolfo se recuperaba del susto, recostado en una hamaca, en el otro extremo de la terraza.)

_ El turro sabía que se había equivocado, pero en una pirueta funambulesca salió del trance. Ahí casi me trago el chorizo yo. Por eso, para retrucarle y sin que se me moviera un pelo, le largué lo de sincategoremático. Pero no pensé que se iba a atragantar.
_ Tiene la risa fácil.
_ Sí.
_ ¿Y qué es esa güevada?
_ ¿Sincategoremático?
_ Sí.
_ Todos, todas, todes, son términos sincategoremáticos. Es decir, palabras que —de acuerdo a los lógicos medievales— no adquieren sentido si no van unidas a palabras categoremáticas, o sea, vinculadas a alguna de las categorías aristotélicas.
_ ¿Ejemplo?
_ Si digo “Todos los hombres”, “todos” tiene sentido porque va unido a “hombres” que, por estar vinculado a la categoría de sustancia, tiene un sentido propio. Pero “todos”, así solito, no tiene significado.
_ Pero si tienen que ir unidos a esos que vos decís, tendrían que llamarse con- y lo que sigue que no me acuerdo cómo era…
_ Categoremáticos.
_ Eso.
_ Sí. Lo que pasa es que “sin” quiere decir “con”.
_ Che, vení Gordo, escuchá lo que dice este salame.

(El Gordo atendía las brasas de una nueva tanda de chorizos.)

_ ¿Qué pasa?
_ Este dice que “sin” quiere decir “con”.
_ Es un boludo —resume el Gordo.
_ No, lo que pasa —replica Miguel— es que en el griego antiguo era “sun”, pero después, en la Grecia helenística, se empieza a usar un griego, digamos, simplificado —el Koiné, el del Nuevo Testamento— y muchas letras que antes se pronunciaban distintas empiezan a sonar todas igual.
_ Ah sí, clarísimo. Ahora sí que lo entiendo. Entonces no es “sin”, es “sun”. Gordo a mí servíme el chorizo “sun” chimichurri.

El Gordo mira a Miguel —desde su metro noventa— como con lástima y blande el palo de acomodar las brasas de modo amenazante.

Pongamos —para facilidad del lector— las cosas en contexto. La pertenencia de Miguel a este grupo de amigos nunca había sido puesta en duda. Era un buen muchacho. Atento y dicharachero. Pero también estaba claro —sin que el tema hubiera emergido jamás en conversación alguna— que era un adscripto. Uno de esos elementos que —sea por izquierda o por derecha— adherían circunstancialmente al peronismo.

Este cronista —que accedió a este evento por caminos no convencionales (vale decir: sueño, sueño lúcido, experiencia extrasensorial, etc.) no sabe decir si, quien lleva la voz cantante —cuyo nombre desconoce— es, tal vez, el puntero del barrio y quien aportó los chorizos. Me refiero al hombre que acaba de decir: “sun chimichurri”. Pero es claro que, inadvertidamente, se ha instalado una situación confusa que sabe Dios cómo ha de terminar.

Mientras he aclarado estos detalles, el Gordo ha regresado con tres platos y sendos choripanes en su superficie. Pone uno en la mesa —una especie de mesita ratona que alguna vez lució en un living de clase media—, le entrega otro a quien lleva la voz cantante y está por entregarle el restante a Miguel cuando, quien lleva la voz cantante, lo detiene y retiene el plato en su mano derecha.

_ Entonces, vos pensás que la Jefa es una tarada —acota.
_ ¿Por lo de sincategoremático?
_ Sí.
_ No, porque ella, repitiendo tantas veces “todos y todas” ha creado un ámbito de entendimiento en el que “todos y todas” no necesita otra cosa para ser interpretado.

Quien lleva la voz cantante deja, entonces, el plato sobre la mesa y, empujándolo, lo acerca a las manos de Miguel, cuando este agrega:

_ Aunque también es cierto que el uso de significantes vacíos… (y el plato se detiene) es un procedimiento habitual del poder… (el plato retrocede) que podemos perdonarle a gobiernos del margen del sistema en su lucha contra el imperio.

Miguel incrusta sus mandíbulas en el choripán y todos festejan aliviados.

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