Verdad y vacío


La verdad calma, la verdad ordena. Pone un cielo donde antes había un vacío. Un vacío en el que todas las cosas se mezclan y nada encuentra su dirección, su sentido.

Se llega a la verdad por experiencia, habiendo sufrido durante años verdades a medias. No ya mentiras. No hay, estrictamente, mentira en los grandes temas. Pero sí verdades pequeñas.

La verdad no es cierta en el sentido en que lo es un problema matemático. La verdad tampoco es “la negación de la negación” porque no está al final, no se erige en el logos, no se erige en 2000 años de diálogos platónicos ni de dialéctica, sino en millones de años de existencia. La verdad está al principio, en lo que “en verdad” somos. En la casi imposible distinción de lo que el ser es (ante la que se naufraga —señalan los idiotas— como se fracasa al decir “te querré por siempre”). Distinción que nos deja al borde del vacío.

Porque, tal vez esto sí sea “cierto”: quien haya llegado al vacío y encuentre en ello un sentido, tiene toda la verdad porque no necesita más verdades. Si alguien quiere hacer de policía del espíritu, que niegue esta posibilidad. No seré yo.

¿Cómo hablar —no digo ya discutir— con alguien que cree que la expresión “oscura claridad” no encierra verdad alguna? (he sido demasiado obvio, pero se puede reemplazar por “todo el jardín es luna”).

Para esta gente, hasta “eléctrica compañía” —aquella frase del tema de Charlie García— es una frase sin sentido. Para quien vive encerrado en la Modernidad el mundo se reduce a una ecuación. No hay modo de tratar con esto.

Es obvio que lo religioso apunta a otro tipo de experiencias y —lo logre o no— en eso comparte, al menos en principio, un terreno común con el arte y la filosofía —porque la filosofía comienza aquí, no hay filosofía en lo que aquí no llega.

Si no hay misterio, lo único que queda por hacer es indexar. Tediosa repetición. Listar y clasificar todo lo existente. El misterio se reduce al ridículo expediente de lo que todavía no está en la lista. Ese llenar sin objeto —pero atendiendo solo a objetos, pues otra cosa no puede estar en la lista— es lo que produce, precisamente, la sensación de vacío, pero vacío sin sentido.


CC BY-NC-ND 4.0

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